"Yo sé que soy de tu agrado
no niegues en darme el sí
que yo te he ofrecido a tí
un matrimonio sagrado.
No más porque me enamoro
se ponen a dar querella
total, las palmas son más altas
y los puercos comen de ellas.
No quieren que yo te quiera
me tienen impedimento
y no me dejan salir
de la puerta al aposento."
Juan Luis Guerra
que yo te he ofrecido a tí
un matrimonio sagrado.
No más porque me enamoro
se ponen a dar querella
total, las palmas son más altas
y los puercos comen de ellas.
No quieren que yo te quiera
me tienen impedimento
y no me dejan salir
de la puerta al aposento."
Juan Luis Guerra
Si es verdad que no se puede quere fantasmas, es cierto también que querer es un fantasma; algo ilógico pero cierto en su escencia. Yo no encuentro un alma que querer, pero tampoco hay un alma que me quiera. Las convenciones no son mi realidad, la realidad no es una convención para mí pues ¿que es real sino aquello que queremos que sea? La realidad de querer es una realidad inconclusa, una realidad de buena suerte, una realidad frente a un mar que se desborda, que se achica y se vuelve gigante en un instante, en una hora, en un destino.
La intrínseca mentira de ser feliz
¿Recuerdas aquella noche de frío ?
Estaba helado, una brisa fresca nos recordaba donde estabamos. Dijiste que querias sentarte y yo no supe hacer otra cosa que coger la banca que de milagro apareció a un tu lado. Tú mirabas y hablabas, yo miraba y escuchaba, tu reías y yo reía, tu seguías mirando y yo veía como el mar se desbordaba, veía las olas crecer y acercarse para luego desaparecer entre otras que reventaban a nuestros pies.
La arena temblaba no se si de frío, no se si de miedo; tu reías y el mundo daba vueltas sobre mi hombro derecho. La ola se acercaba inexorable, temible, quejumbrosa coronada por una luz de quien sabe que realidad. Desaparecía para aparecer más temible al segundo exacto de tu risa, inundando mis miedos, punzante y majestuosa.
Dijiste que nacía la amistad y yo la a ví crecer y morir junto a la ola que se paseaba frente a mis ojos y que como ella, renacía a cada instante. Temíamos que se acabara como se acaba la noche, temimos y nos reímos del temor. Pensé en disparates propios de la locura, pero me dí cuenta de que todo es locura y realidad, verdad y mentira, la mentira eterna de que intrínsecamente estamos destinados a la felicidad... yo lo creí.
¿Recuerdas aquella noche de frío?


3 comentarios:
excelente...
amigo...ud mantiene el nivel..
me gusta la fluidez con la que se puede interpretar todo...
la facilidad de retratar las escenas sin perder la poesia, lo romantico y hasta lo ironico... buen trabajo...
pasa por mi blog po wea...
ya lei como 8 veces tu custion...y me gusta...ta buena...
en fin...eso peroo..nos tamos viendo...
chavelin!
no hay mejor manera de contarlo, definitivamente
te dejo un abrazo, grandísimo, no sé si te fuiste, vendría a ser más o menos un año desde eso
o un poco más... pero da lo mismo
el puente ya está hecho, y bien firme.
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